Visitar Sevilla en verano sin morir (de calor) en el intento

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No te dejes engañar por esos amigos o cuñaos envidiosos que te aseguran que viajar a Sevilla en verano no es compatible con la vida. Ignora las noticias sobre olas de calor en Andalucía, que todos sabemos que son totalmente MENTIRA y que sólo existen para hacer más llevaderas las incómodas conversaciones en ascensores. Visitar Sevilla en verano sin sudar, ¡es posible! Y nosotros te lo vamos a demostrar en este post, ¡así que despégate del sofá, haz las maletas y pon rumbo a esta maravillosa ciudad andaluza!

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Ya lo dice el refrán, a quien madruga, buena sombra le cobija

Dicen por la tele que el desayuno es la mejor comida del día y, en Sevilla, no iba a ser menos. Recuerda que, desde el momento en el que pongas un pie en Sevilla, vas a pasar de ser una persona a convertirte en turista, por lo que necesitas la energía que te darán las tostadas de jamón ibérico con un buen chorro de aceite de oliva para poder hacerte selfies por toda la ciudad sin desmayarte.

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Si quieres disfrutar del típico desayuno sevillano en una terraza, vas a tener que madrugar, asúmelo, porque después de las 9h30, la pregunta “queréis sentaros fuera o dentro” ya parece más un chiste que otra cosa.

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El último superviviente

Una vez hayas desayunado, ¡vuelve corriendo al hotel! No dejes que el calor te pille decidiendo adónde ir. Mejor planifica tu mañana en la habitación o en el hall del hotel, con aire acondicionado, porque si no, te dejarás llevar por la desesperación y acabarás tomando decisiones de las que luego te arrepentirás, como coger un bus turístico o comprar el primer abanico que veas para sofocar el calor. No te precipites en tu decisión, porque lo único que conseguirás será perder la poca dignidad que te quede después de haberte subido en el bus turístico. Hay muchos abanicos que merecen la pena esperándote en Sevilla, sólo tienes que buscar.

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Durante el día, vas a tener una única misión: SOBREVIVIR. Unos buenos lugares para refugiarte durante la mañana y esperar a que llegue la hora de la comida podrían ser el Real Alcázar, la Catedral de Sevilla y la Giralda. Aunque OJO con los jardines del Alcázar, que son un arma de doble filo, porque son lugares ideales para hacerte LA FOTO que probablemente acabará siendo tu futura foto de perfil o portada pero no siempre habrá sombras donde cobijarte, por lo que, cuando menos te lo esperes, puedes empezar a sudar de forma descontrolada. Y, en el fondo, sabes que nadie le va a dar a ‘me gusta’ a una foto en la que salgas sudado con pintas de guiri y con un montón de sombras oscuras en tu cara -provocadas por el sol- que te hacen parecer un oso panda resacoso.

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Os recomendamos que contratéis un guía o que vayáis mirando información en el móvil sobre cada lugar en el que os encontréis, porque no es sólo la belleza exterior de los edificios lo que importa, sino la historia que albergan sus muros. Muy profundo todo, pero es verdad. Además, cuanto más tiempo paséis dentro de cada monumento, menos tiempo pasaréis fuera bajo el sol abrasador. Matemática pura.

Viva la siesta!

Una vez te hayas puesto hasta las orejas de soldaditos de pavía, gazpacho y pescaíto frito, la cosa se trata de ir arrastrándote hacia el hotel, intentando permanecer siempre en la sombra. Este es un momento de bajón máximo, en el que, si no vas con cuidado, puedes llegar a exteriorizar pensamientos negativos relacionados con las altas temperaturas que harán que te conviertas en el quejica oficial del viaje, y nadie quiere serlo, por lo que tienes que estar bien preparado psicológicamente.

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Un truco que siempre funciona es visualizar tu habitación de hotel, fresquita y cómoda y nunca está de más compartir en voz alta todas las cosas que tienes pensado hacer cuando llegues al hotel. Todo esto hará que este vía crucis del restaurante al hotel sea mucho más distendido. Si el calor se apodera de ti y tienes ganas de gritar a los cuatro vientos lo que opinas del clima de forma poco respetuosa, abalánzate sobre los nebulizadores de agua del bar más cercano.

Recuperando las ganas de vivir

Si has logrado sobrevivir a esta dura jornada, ¡aquí tienes tu recompensa! Vístete con tus mejores galas (no pasa nada si están arrugadas, es un signo de identidad como turista) y lánzate a descubrir la noche sevillana.

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Si te apetece salir de tranquis, te recomendamos que visites el Museo del Baile Flamenco, donde además de descubrir la historia del flamenco a través de exposiciones, podrás disfrutar de un auténtico espectáculo de flamenco en directo. También aconsejamos el ciclo de cine de verano que organiza cada año la Diputación de Sevilla en el patio de la Diputación. Se trata siempre de películas actuales de calidad reconocida.
Si lo que buscas es fiesta, no hace falta que busques más, porque la fiesta en Sevilla, es como el calor: siempre acaba encontrándote!

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